domingo, 6 de junio de 2010

La rosa púrpura del Cairo. Crítica

Título original: The purple rose of Cairo

Director: Woody Allen

Guión: Woody Allen

Música: Dick Hyman

Fotografía: Gordon Willis

Intérpretes: Mia Farrow, Jeff Daniels, Danny Aiello, Dianne Wiest, Van Johnson, Irving Metzman, Stephanie Farrow, Zoe Caldwell, John Wood, Milo O’Shea, Edward Herrmann.

País: EUA

Productora: Orion Pictures. Productores: Jack Rollins y Charles H. Joffe

Año: 1985

Durada: 85 min.

Género: Comedia

Premios: ganadora de los Premios BAFTA a mejor película y mejor guión; nominada al Oscar a mejor guión.


“Los seres de ficción quieren tener una vida real y los seres reales una vida de ficción”. Con estas palabras extraídas del guión, Woody Allen resumió la esencia de esta película, que rodó en los años 80, cuando ya se havia consagrado en el mundo del cine gracias a Annie Hall y Manhattan.

La rosa púrpura del Cairo está ambientada en la Nueva York de los años 30, en plena Depresión norteamericana. Mia Farrow, que substituyó a Diane Keaton en el papel de musa de Woody Allen, interpreta a Cecilia, una camarera tierna, dulce e ingenua que recuerda, en los gestos y en la locución fragmentada, a los personajes interpretados por Woody Allen en sus películas. Cecilia vive una vida desastrosa: trabaja en un bar para mantener al perezoso de su marido (Danny Aiello), un hombre violento, alcohólico y enganchado al juego. La única cosa que la aleja de sus problemas es el cine. Esta es su vía de escape. Con el cine ella puede soñar, imaginar…

La vida de Cecilia cambia el día en que uno de los personajes de la película que va a ver, La rosa púrpura del Cairo, apasionado por el mundo real decide cruzar las barreras de la gran pantalla y, así, pode conocer a Cecilia, de la que se ha enamorado a primera vista. Este personaje, el arqueólogo Tom Baxter (Jeff Daniels), será el protagonista de muchas situaciones cómicas, como cuando quiere pagar en un restaurante con dinero falso del cine, cuando sube a un coche esperando a que arranque sólo, cuando va a un prostíbulo sin saber qué clase de local es o cuando espera un fundido a negro después de dar un beso a Cecilia.

De esta manera, Woody Allen hace su propia interpretación del mito de la caverna de Platón.

Con la llegada del actor que interpreta a Tom Baxter, Gil Shepherd, Cecila se encuentra con dos hombres enamorados de ella que son completamente opuestos: uno es coherente y tierno como la chica, y el otro es incoherente, porqué pertenece al mundo real, y con éxito. La protagonista tendrá que decidir si se puede vivir solo del amor, tal y como Tom Baxter le propone, si puede cambiar por completo su vida y irse con un actor reconocido que le quiere, o si la realidad es la realidad y los sueós son sueños, y continuar con la vida que llevaba hasta ahora.

Recomendaron a Woody Allen que cambiara el final por uno más alegre, con el objetivo de conseguir más especyadores a las salas de cine, pero él se negó. Algunos pueden decir que con el final que se quedó es un final conservador, pero no lo considero del todo cierto ya que, en realidad, se aleja de los finales felices “made in Hollywood”. Con este final, Woody Allen nos muestra que, al fin y al cabo, la realidad es una cosa y el mundo de los sueños es otra. Un final, pues, realista, pero también esperanzador.

En La rosa púrpura del Cairo, el director neoyorquino nos muestra la situación que vivía la sociedad de los años 30 y cuál era el papel que jugaba el cine en esta, contraponiéndo el mundo real, una época de depresión, con el mundo de los sueños. Y es que la esperanza y la imaginación de la gente en épocas de crisis están más vivas que nunca, y el cine se puede convertir en el refugio perfecto. Además, también vemos como el cine no sólo entretiene, sino que nos aleja de nuestras vidas, a veces aburridas y rutinarias.

Pero lo que hace imprescindible y magnífica esta película es que la genialidad con la que Woody Allen trata el tema del cine dentro del cine, un recurso utilizado ya por otros directores en cuanto a mostrar como es este mundo del cine, como Billy Wilder, David Lynch, François Truffaut… y, concretamente y acercándonos más en la temática de la película de Woody Allen, por Buster Keaton en El moderno Sherlock Holmes, en la que el chico que limpia el cine entra dentro de la pantalla.

Además, Woody Allen hace algunas referencias a grandes clásicos del cine en esta película. Como la Cecilia tocando el ukelele igual que Marilyn Monroe en Con faldas y a lo loco, o la presencia de La rosa púrpura del Cairo de una mujer de color que recuerda a la criada de Lo que el viento se llevó.

Woody Allen hace, pues, un homenaje a grandes películas de la historia del cine, así como al cine clásico en general con las grandes estrellas y secundarios, los productores ambiciosos, los decorados espectaculares…, y también a la capacidad del cine para hacernos soñar y al espectador.

Una película bonita y divertida, tierna y dulce, que no llega a empalagar en ningún momento y que trabaja con gran genialidad una gran cantidad de temas, como la sociedad de los años 30, el papel del cine, el mundo real, “la dura realidad” en contra del mundo del imaginario, el amor idílico… a la vez que hace un homenaje al mundo del cine en general. Por todo esto, esta película se merece la etiqueta de imprescindible en la filmografía de cualquier amante del cine.



S.

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